EXTRACTO DE FLORES ARTIFICIALES
Un diseñador siempre trabaja en el ámbito de lo artificial.
La obra de un diseñador es un “artefacto”, es decir un “hecho con arte” o un “producto resultado de una disciplina”. O sea, la obra de un diseñador es un derivado de un estudio y una dedicación. Su profesión.
Un diseñador, obviamente lejano a lo natural y su inherente “fecha de caducidad”, busca la atemporalidad en su estilo. Intenta alejarse de la moda o la costumbre como si de las estaciones del año se tratase.
Un diseñador, en su afán de perdurabilidad, exalta la calidad de los materiales empleados, la combinación entre éstos.
Posiblemente una combinación contrastada: delicadeza y dureza, realidad y sueño, proyecto (imaginado) y ejecución (realización).
Un diseñador quiere crear algo diferente, lo nunca visto hasta ahora, algo que no exista en la naturaleza conocida o descubierta.
Sí es verdad que, y por contra, “la flor” es un símbolo muy propio para un diseñador en cuanto a intangible de la belleza efímera. Más coherente según lo dicho sería una “flor” artificial; una belleza que no marchita fruto (flor fecundada) del trabajo, del esfuerzo, de la disciplina, de la tenacidad y del tesón. Un trabajar en el proyecto; un pensar ahora pero en el futuro; un transportarse, un irse o dejarse llevar a otro lado.
En suma, una ensoñación.
Ese diseñador que atesora todo este EXTRACTO DE FLORES ARTIFICIALES es el que hay en mí.
Ángel Cremades.Noviembre 2010.